Recordando a Don Elson

Hace cuatro años, un 15 de agosto, nos dejó un grande, un ídolo de Colo-Colo. Con 70 años Elson Beyruth se fue a jugar a los pastos de la inmortalidad. Acá los recuerdos de un filialino que lo acompañó en sus últimas semanas.

Recordando a Don Elson

Han pasado 4 años de que nos dejó. La mente puede tener recuerdos vagos, pero en lo personal los últimos días de Elson Beyruth aún los recuerdo; porque los viví con él sin ser de su círculo cercano, sin tener su apellido, sin siquiera haber nacido en sus tiempos de gloria como ídolo. Y a pesar de esa distancia temporal, lo visitamos junto a unos amigos. Pertenecíamos a un movimiento en el cual solíamos tener un gran cariño y una necesidad: el rendir tributo en vida a los ídolos. Tributo que el actual modelo de fútbol vertiginoso y egoísta no concebirá.

En el hospital San Borja lo encontramos. Aunque se encontraba postrado, aún podía hablar con todos. Hacerse el lindo con la enfermera. Porque era un picaflor -además de carretero- pero orgulloso de serlo. Tanto, que su amigo -el único de su círculo que vimos en esos últimos días- nos contaba que las mujeres que dejó en el camino, ya se preparaban para la pelea en su funeral por lo poco y nada que tenía de patrimonio. Era ridículo, porque ni siquiera tenía donde vivir como para pensar en un patrimonio, pero igual hacían el papel como viudas temporales.

Nuestro puente de comunicación fue aquel amigo. Del cual no recuerdo su nombre, pero siempre obteníamos noticias diarias gracias a él, sobre todo el día de su muerte.

Ante la necesidad de seguir escudriñando mi mente, para cronológicamente continuar este relato o columna, recuerdo ligeramente el reconocimiento que le entregamos o la ceremonia complementaria por su trayectoria. Pero el hecho de estar acompañándolo en el hospital me hacia entender que jamás sería suficiente reconocimiento. Debíamos estar ahí, por todo lo que dio a Colo-Colo. Desde las glorias en sus años mozos, hasta su desempeño como veedor y formador de generaciones posteriores. Siempre creí que mi padre me diría "¿Cuando podemos ir a visitarlo?", que se motivaría a ir; pero no lo hizo, tampoco el horario laboral lo ayudó. Gracias a mi padre supe quien era Elson, y que si bien no fue su ídolo máximo -es Colo-Colo Muñoz- lo admiraba. Es parecido a lo que yo vivo con Espina y Valdivia. El primero es mi ídolo de infancia, pero el otro para mí es un artista. Con todos los vicios que personas de esa chapa tienen. Fue el último que vi, porque esa forma de jugar quedó en el pasado. Igual que Elson, un artista que no vi. Pero salir en andas del nacional producto de campeonar a tu equipo en un partido de definición, no lo cuenta cualquiera.

La noche de su muerte se llevó a cabo una velatón inmediata, haciendo una especie de homenaje a aquellas antorchas que se encendieron en el nacional. Su funeral fue concurrido a pesar que fue día de semana. Un funeral bien Colocolino. Me encontré con varios conocidos, gente que estuvo en la despedida de Chamaco de igual forma. Algunas personas que compartieron con él, ex-jugadores y las mujeres que mencione antes. El amigo de Elson incluso, quiso increpar a una de ellas, sintió que le faltaban el respeto. Esto no opacó aquel medio día en nuestro mausoleo de viejos cracks, del Cementerio General; donde descansa su tumba.

El pueblo Colocolino quiere a sus ídolos. A pesar de que muchos viven con la carga del "pago de Chile" siempre existirán momentos en que puñados de hinchas se acercarán a ellos cubriendo lo que los "amigos", "amores", e incluso familiares -con resentimiento por no haberlos visto más seguido- no cubren, estar en los peores momentos. Parte del ser hincha es eso: la locura, el acoger a una persona ajena a tu sangre como un miembro más. Te preocupas porque esté bien, de que no le falte algo, y le das ese reconocimiento que te nace. Puede que este tipo de ídolos hubiesen recibido mucho. Pero, aunque sea solo para hacerte feliz, se lo quieres dar y así, quedar tranquilo de haber compartido con aquella gran figura.

Para mí esto no es columna, es relato. Uno muy vago, uno que puede haber perdido el hilo conductor, pero es lo que recuerdo y lo que se me vino a la mente.

Solo decir por último que esta experiencia jamás la había relatado o dejado registro de ella. Pero de verdad traté a Don Elson como parte de mi familia. A mi abuelo no lo conocí, porque murió mucho antes de mi nacimiento. A mi abuela la vi poco. Sin haber visto más que unos videos que las videotecas futboleras y/o colocolinas tienen de Elson, en esas semanas se volvió un ídolo. En parte -y manteniendo las proporciones- un abuelo.

Antorchas para Beyruth.