Del 73

“Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”…

Del 73

“Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”… así reza la frase que destaca en parte de la galería norte del Estadio Nacional, recordándonos que el mismo recinto que ha albergado gran parte de la historia deportiva y futbolística chilena también sirvió como lugar de detención y tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Durante el año 1973 el Nacional sería el escenario, paradojal y tristemente, de una de las más grandes campañas internacionales que se recuerden en un equipo de fútbol nacional, pero también se transformaría en uno de los íconos, del periodo más oscuro de nuestra historia reciente.

Y es que la campaña del Colo Colo 73 se funde con la leyenda no sólo por que para muchos entendidos del fútbol, ese cuadro albo es el mejor equipo de la historia del fútbol chileno (título que disputa con el equipo que le copió el apodo al Millonarios de Colombia de los años 40 y 50); sino porque hay quienes sostienen que la gran campaña que realizó el equipo de “Chamaco”, Caszely y compañía, habría servido de bálsamo para el complejo momento político social que se vivía en el país, al punto de retrasar el Golpe de Estado del 11 de septiembre de ese año, que derrocaría a Salvador Allende y la Unidad Popular.[1]

No profundizaremos en la campaña futbolística de ese Colo Colo, porque hay quienes lo han hecho mucho mejor que nosotros. Pero si nos gustaría apelar a la memoria que evocábamos al principio de este texto, para recordar que hubo gente directamente ligada al club de nuestros amores que sufrieron en carne propia los crímenes que se cometieron tanto en el Nacional como en los distintos centros de tortura y exterminio que tuvo la dictadura.

Los casos más conocidos son los de los jugadores Mario “Superclase” Moreno y Hugo Lepe, quienes vistieron la camiseta alba desde 1955 a 1967, y desde 1963 a 1967 respectivamente. Ambos vinculados a la creación de lo que hoy conocemos como Sindicato de Futbolistas Profesionales y que pagarían “tal osadía” (e ideas tan “subversivas”) no sólo con un temprano término de sus carreras profesionales, sino con un periodo de detención en el recito de Ñuñoa, del que sólo pudieron liberarse con vida después de las gestiones realizadas por Francisco “Chamaco” Valdés.

Pero hay otro caso que es algo más desconocido, el de Olga Garrido… madre del ídolo Carlos Caszely Garrido, quien fue secuestrada y torturada por la dictadura, y cuyo testimonio se plasmó en uno de los episodios más recordados de la franja política del NO (ver testimonio). Indudablemente a Caszely le pasaron la cuenta por su abierta oposición hacia el dictador y su cercanía a la figura de Allende.

Sabemos que como los casos de Mario, Hugo y Olga fueron cientos los anónimos hinchas y simpatizantes colocolinos que sufrieron directa e indirectamente las atrocidades de ese periodo, y es muy probable que nunca sepamos cual fue el destino de muchos de aquellos que siguen desaparecidos. Hoy, a tan solo unos días de conmemorarse un nuevo año de esta fatídica fecha, rendimos un sentido homenaje a todos aquellas victimas (sin distinción de camisetas) que se llevó la dictadura y aquellas que nos dejaron sin poder conseguir la justicia y la paz que tanto buscaron en vida.

 

[1] Para mayor información al respecto recomiendo leer “Colo Colo 73” de Luis Urrutia O’Nell, “Leyenda hay una sola” de Axel Pickett; y ver el documental “Sabor a Victoria” de Víctor Gómez.