A mí no me lo contaron

Apenas terminó el partido en Asunción; llamé a mi viejo para que me comprara la entrada...

A mí no me lo contaron

La primera final la vi donde mi tía, había que verla a color. Apenas terminó el partido en Asunción; llamé a mi viejo para que me comprara la entrada. Si mal no recuerdo se ponían a la venta al otro día, tenía mi alcancía, así que le dije que sacara plata, la que juntaba justamente para ir al estadio. El valor $1.500 niño. Con el trámite realizado en Cienfuegos había que esperar ese 5 de junio, tenía que estar ahí, como toda la copa.

Aquel día fue especial, era el partido que mi abuelo y mi papá esperaron por años. Llegué del colegio, almorcé, fuera uniforme y partí caminando solo -como siempre lo hago- hacia la Estación Mapocho donde pasaban las micros hacia Puente Alto. Los horarios no recuerdo, pero a las 16.00 hrs. tengo que haber estado adentro, sector norte, más tirado al codo Tucapel. De la espera eterna tampoco me acuerdo, si de los goles, los abrazos con los desconocidos, la vuelta olímpica y yo ahí solo, tocando la gloria con mis 14 años siendo campeón de América, enterrando la maldición del ’73, comiéndome una hallulla con chancho que alguien me regaló. Vi a muchos llorar esa noche enterrando un pasado funesto y mitificando al equipo de Jozic. La vuelta a pie por Vicuña Mackenna era una locura hasta plaza Italia y luego hasta mi casa ya de madrugada, pensando que ahora sí que caerían mas copas, sin imaginar que la Libertadores se volvería una utopía.

Al otro día recuerdo la sala de clases vacía, ya que el sueño de campeón se acabó a las 7.30 am cuando mi mamá me despertó para ir a clases, poniendo fin a la noche más feliz de mi vida, ya que para ella no habían excusas para faltar al colegio. Y cuando iba saliendo me acuerdo de lo que ella me dijo, en un par de años más podrás decir: "al menos a mí no me lo contaron".