El héroe humano

El héroe humano
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El héroe humano


En el entretiempo del nefasto encuentro contra Independiente del Valle, un padre conversaba con su hijo sobre los contenidos aprendidos por éste en el colegio. El niño, narraba, ante los ojos de su padre, las andanzas del Ejército Libertador de Los Andes comandado por el argentino José de San Martín. Sin discriminar el misticismo construido por los historiadores decimonónicos, este niño reconoció en tal argentino a la figura del “héroe”. El niño le comentó a su padre, quien miraba ansioso un reloj para la segunda parte del partido, lo curioso de que la liberación de nuestro pueblo tuviera elementos foráneos. Su padre no tardó en comentar lo que para todos ya es historia conocida: los colocolinos tenemos nuestro héroe extranjero, Marcelo Pablo Barticciotto.

Sobre el “7 del pueblo” se han escrito bellísimos relatos que engrandecen su figura. Convertido en un ilustre de nuestra historia, forma parte del panteón de personajes a quienes el manto del olvido no podrá cubrir con facilidad. Los antiguos pedagogos ocupan estos íconos para representar ideas e instalar verdades. A su manera, el padre hizo lo mismo: narró a su hijo la hazaña que transformó al Barti en lo que todos ya sabemos: carrerón hasta llegar al punto penal del arco rival, recepción del centro y definición perfecta ante un desprotegido caballero de amarillo. Ante la mirada confusa de su hijo, el padre no tardó en explicar lo acontecido, esa misma que aparece en los bellísimos relatos y que dan cuenta de la mirada entristecida y derrumbada del, en ese entonces, jugador cruzado.

Finalizado el encuentro, la decepción recorría los numerosos pasillos del Monumental. Allí estaba su padre, con una mano secando sus lágrimas y con la otra sosteniendo a su hijo. En ese momento, comprendí lo que es ser un héroe: es quien no teme que otros conozcan su debilidad, porque sabe que con constancia y consecuencia volverá a erigirse. El “7” no es un héroe por bajar su mirada tras convertirle un gol al club de sus amores, ni por mojar la camiseta, eso lo han hecho muchos emblemas que hoy son reconocidos por los forofos en lienzos o nombres de filiales. Marcelo es para nosotros nuestro héroe porque nos enseñó que la tenacidad y pulcritud son actitudes de vida y que los sujetos dignos de admiración no habitan en el Olimpo, a la manera de Zeús, sino que conviven junto a nosotros, nos enseñan y nos quieren. Lo que ese padre no sabía es que faltaban pocas horas para conmemorar la acción que catapultó a Marcelo como uno héroe, como tantos otros, salvo que éste decidió otro camino: permanecer junto a nosotros, no vivir en la gloria, sino al costado de los mortales que hoy lo miran como a uno de los suyos, a la manera de un héroe humano.

 

 

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